No estabas en casa y me fuí sin avisar,
muy lejos...
ya no recordaba,
tu aroma se confundía con el aire y todo volvía a ser igual.
Tus gritos a lo lejos simulaban las aves al cantar,
lloraste un mar de sal esperando mi llegada,
pero aún nada se veía en el horizonte solitario.
Y el sol se escondió, la roca se hiso arena.
Es que yo sigo oyendo tus súplicas por las noches cuando duermo,
sigo secando tus lágrimas en mis sueños.
Es tu ser el que me abriga, es tu voz la que me cuida.
Cuanto te amé, cuanto peleé y cuanto perdí por conocerte.
Chris Garcia.

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